En medio de su indisimulable ilusión,
nunca faltaba ese momento en que descubría que nada de eso volvería a pasar;
sus perfectos labios
y, más aún, su indescriptible sabor. Probaban nuevas aventuras, recorrían calles, casas, sábanas... que no presentaban el más mínimo riesgo
de repetirse alguna vez.
{Reflexiones de un
domingo por la noche}
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