Tus ojos son lo
primero que veo, te saludo desde lejos y con algo de nostalgia sigo eligiendo
dejarte atrás. Otro par de ojos
me miran desde un poco más acá. No entiendo muy bien qué pueda pasar, mucho
menos qué es esa ocurrencia que toca mi puerta hoy. Mis brazos caen contra el
colchón y se me cierran los ojos. Un “hola mi amor” me da fuerzas hoy y sonrío.
Soy yo,
enteramente yo.
Aquel retazo de
alma faltante volvió a pertenercerme. Soy toda mía. Y de vuelta en el
camino. Lista para volver a
empezar, pero esta vuelta
mejor. Plena. Deseando que una
caricia ya nunca más me deje mentir. Esperando que este puto as acompañe mi
jugada de una buena vez.

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