11 ene 2013

Hay quien dice que el camino te enseña cosas; yo no lo se

Decidió ir a recorrer la ciudad, buscar alguna forma de hacer pasar el tiempo; sosegar todo ese malestar que alguna vez la invadió. En su paseo se cruzó con ilusiones, secretos, mentiras, amores, engaños, tristezas, dolores, sonrisas, alegrías y sobre todo, desconcierto.
Hubo un día que decidió volver a la estación de aquel viejo tren que una vez dejó ir. Puso todos sus miedos en una valija, se llenó de coraje, respiró profundo y volvió a subir los escalones de ese andén. Volvió a encontrarse sola y una cantidad de sensaciones invadieron su cuerpo. De repente, la chicharra de la barrera empezó a sonar indicando la llegada de una nueva formación. Sus ojos se iluminaron a la vez que se incorporó para correr al encuentro de la puerta del vagónPero la locomotora llevaba un paso acelerado y parecía no tener intenciones de parar.                         
Otra vez se veía sola como aquella vez. Se inquietó. De pronto notó algo extraño: el tren estaba ligeramente frenando pero jamás paraba la marcha; se le escapaba. Recogió fuerzas de todos esos trozos de alma que alguna vez tiró contra el suelo, olvidó su pesada valija de miedos y comenzó a correr. No sé si habrá logrado trepar a la puerta y entrar, pero sus pasos eran largos y seguros; ahí se encontraba su felicidad y no podía volver a dejarla pasar.


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