Se quedó mirándola fijo un rato, casi que ya no recordaba cuál era su procedencia.
Tomó valor, y levantó la tapa.
Lo primero que vió fueron aquellas hojas garabateadas que ya hacía algún tiempo atesoraba en ese rincón. Rápidamente las sacó de ese menjunje de papeles, y casi que no se animó a releer esos relatos que él le había regalado alguna vez.
Por lo perdido de sus ojos, apostaría a que los pasó por alto porque en realidad
ya se los sabía de memoria, y ¿de qué le servía recordar una vez más?

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