No iba a volver a ser lo mismo porque estaba
decepcionada, el hombre no me quería, no me respetaba y aun así lo necesitaba para existir. La
abstinencia me dejaba sin aliento, me ahogaba en
una pileta de rosas.
Sus palabras, sus mentiras eran espinas clavadas
deliberadamente en mi cuerpo: las necesitaba allí, si
alguien las sacaba, iba a desangrarme, con seguridad..
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