Hay cosas que pasan regularmente.
Son tan repetidas como esa figurita que siempre toca, como esa demencia que se esconde en los domingos. Y a veces es necesario cortar la rutina, dejar a un lado algunas
cosas para cambiarlas por otras nuevas.
Este asunto me atormenta hace ya bastante, y sigue igual de
intacto que siempre, penetrándome en las venas con furia por tanto mal que
habré hecho en algún lugar, y hasta a veces siento que alguien, vaya a saber
uno quién, se está vengando de mi a escondidas. Y ahí me doy cuenta de lo
verdadera que es la frase “yo veo al futuro repetir el pasado” ¿O somos nosotros que
desde que nacemos estamos tildados a cometer los mismos errores una y otra
vez?
No me molesta, es
más, me
gusta romper la rutina de esa manera tan… inesperada, a veces es lo que necesito para no
sentirme vacía. Como ahora, que acabo de romperla y me siento tan bien, tan
liberada, ansiosa por saber cual va a ser el próximo encuentro, la próxima
excusa para convertir el día en uno distinto, en un encuentro que parezca
casual pero tenga todas las intenciones encima.
Entonces me pregunto
de nuevo ¿hasta cuando va a seguir todo esto? y me doy cuenta que
quizás nunca acabe, que este es recién el principio, que este sentimiento que
llevo adentro nunca se va a apagar, que mis lágrimas están sostenidas por un
muro que no las deja salir hace meses aunque las sienta en mis ojos cada noche, cada sábado, cada
miércoles.
Y siento como sube por mis venas, como va calmando toda la
angustia que guardé todo este tiempo, y siento como mis
piernas tiemblan ante tanta locura.
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