14 oct 2012

Vivo en una cuerda floja




Hay cosas que pasan regularmente. Son tan repetidas como esa figurita que siempre toca, como esa demencia que se esconde en los domingos. Y a veces es necesario cortar la rutina, dejar a un lado algunas cosas para cambiarlas por otras nuevas.
Este asunto me atormenta hace ya bastante, y sigue igual de intacto que siempre, penetrándome en las venas con furia por tanto mal que habré hecho en algún lugar, y hasta a veces siento que alguien, vaya a saber uno quién, se está vengando de mi a escondidas. Y ahí me doy cuenta de lo verdadera que es la frase “yo veo al futuro repetir el pasado” ¿O somos nosotros que desde que nacemos estamos tildados a cometer los mismos errores una y otra vez?
No me molesta, es más, me gusta romper la rutina de esa manera tan… inesperada, a veces es lo que necesito para no sentirme vacía. Como ahora, que acabo de romperla y me siento tan bien, tan liberada, ansiosa por saber cual va a ser el próximo encuentro, la próxima excusa para convertir el día en uno distinto, en un encuentro que parezca casual pero tenga todas las intenciones encima. 
Entonces me pregunto de nuevo ¿hasta cuando va a seguir todo esto? y me doy cuenta que quizás nunca acabe, que este es recién el principio, que este sentimiento que llevo adentro nunca se va a apagar, que mis lágrimas están sostenidas por un muro que no las deja salir hace meses aunque las sienta en mis ojos cada noche, cada sábado, cada miércoles. 
Y siento como sube por mis venas, como va calmando toda la angustia que guardé todo este tiempo, y siento como mis piernas tiemblan ante tanta locura.

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