Desea girar su mundo y
que todo termine en su persona, borrar dificultades, olvidar pequeñas
heridas y volver a empezar; como si en aquel camino que los separó alguna vez
no hubiese pasado nada, como si todo fuese igual a ese día donde decidió que
sus vidas se bifurcaran. Ese día que ahora ve tan lejano, que mataría por
volver a vivir para no separarlo de su pecho como lo hizo y animarse a
más... necesita un impulso que la saque de la duda. Necesita que la
agarren fuerte y la empujen al abismo.
Pero
puede jurar que a veces escucha en lo más profundo de su alma
un hilo de cordura que le dice "PARÁ" y se desespera, pone el freno de mano e intenta parar
toda esta bola que sólo entiende de crecer. Congenia alguna forma
de alejarse, pero no de él sino de eso que siente (es tarde, sacarlo de su
vida no es un plan que pueda llevar a cabo ya), librarlo de ella y de toda carga que pueda generarle, cada centímetro de
culpa que pueda existir en ambas mentes.
Busca
cortar el imán y encuentra que es imposible volver atrás. Y así va, algunos
días con un pie fuera de la cancha, otros casi que saca los dos y tira la
camiseta a un costado: se ve a punto de asimilar que perdió.
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