Me di cuenta, de que por fin, es tiempo de sentar cabeza y pensar que es lo que verdaderamente me hace
bien y que es eso que ya no me pertenece, pero si al pasado.
No entiendo porque me llevo tanto tiempo darme cuenta que las cosas se habían cortado de raíz hacia ya bastante. Quizá porque tenía alguna mínima esperanza de que
de un día para el otro, las cosas cambiaran (como solía pasarnos, ¿te acordas?) Pero me equivoque.
Creo que me conoces, y sabes que no soy de preocuparme mucho por las
cosas, pero siempre a la larga, algún recuerdo se escapa y me termino enredando en asuntos
del pasado.
Sigo sorprendida también, por la habilidad que tenias para hacerme
sentir tan bien, tan a gusto, tan
transparente. O también, por cómo me sacabas sonrisas desde el alma, cuando no
hacia otra cosa que llorar.
No quiero creer que fue todo
culpa mía, no creo que haya sido de nadie solo que... dejamos pasar el tiempo.
Solo me queda decirte que te
agradezco por haber sido ENORME, por haber sido siempre vos
mismo. Por haberme puesto siempre en primer lugar. Por bancarte el “pollera” de
medio mundo. Te agradezco por haberle buscado mil
vueltas al asunto y no rendirte tan rápido. Por regalarme más de mil
suspiros y abrazos tan sinceros. Por haberme enseñado tantas
cosas. Te
agradezco el haberme tenido infinita
paciencia. O desde ya, por haberme hecho sumamente
feliz (aunque pocas veces lo haya demostrado).
No te quiero olvidar, no estoy
dispuesta a hacerlo, ni que vos lo
hagas. Pero hoy no encuentro razones para quedarme.
Quedate tranquilo, no voy hacerte doler de lejos. No lo mereces.
No se te ocurra a pensar que cada
tanto no me van a dar ganas de volver.
Voy a decirlo, SIEMPRE existe la inmensa necesidad de que me abrases
una vez más.
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