Recorrió
las calles de su desconsuelo, donde se cruzó con todas esas caras
que había visto más de mil veces cuando salía a recorrer esas madrugadas
cargadas de nostalgia. Sin embargo, no lo encontró. Aquel dulce aroma se topaba
contra una pared. Se sentó y cerró los ojos, supo que todo había terminado.
Esa mañana todo fue
diferente. Su consciencia estaba tranquila y había
logrado desprenderse. Encontraba
la vida de otra forma, y un camino libre y ansioso por volver a llenar. Hacia
un sueño que lo había dejado partir.
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