9 oct 2012

Chau adiós, agresor


Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo 


el miedo de la mujer 
a la violencia del hombre 
es el espejo del miedo del hombre, 
a la mujer sin miedo

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