6 oct 2012


  Cuando no pudo hacer nada más, se dedico a perder. Se dio cuenta de que no podía ganar, 
y comenzó a moverse con la corriente.
La risa había sido el medidor de su vida. Mientras todo se mantuviera entre risas, estaría bien. La felicidad se media por la cantidad de carcajadas imposibles de contener.
 Era cuando la risa caducaba, que debía preocuparse. Sus relaciones jamás habían sobrevivido a la depresión. La primera ausencia de alegría, precedía el fin. Se había acostumbrado a este sistema,  estaba preparada para vivir así.


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