De repente, se
encuentra despertando en paz. Recuerda aquellas noches de batallar contra la
almohada que pensó jamás iban a acabar. Repasa ese crucial momento donde se
armó de valor y puso su alma sobre la mesa. Decidió ir donde el
corazón. Se plantó firme, y quedó completamente inmune. Frágil a
lo que vida quisiese hacer con ella, con su alma que la abandonaba y su falta
de razón.
Aquel destino del que le habían hablado tardaba en llegar, y su alma seguía ahí: tirada sobre la mesa, transparente y frágil. El miedo cada tanto la volvía a abrumar y salía en busca de algún abrazo que la pudiese reconstruir.
Aquel destino del que le habían hablado tardaba en llegar, y su alma seguía ahí: tirada sobre la mesa, transparente y frágil. El miedo cada tanto la volvía a abrumar y salía en busca de algún abrazo que la pudiese reconstruir.
Tenía ganas de
callar al mundo, verse dentro de una burbuja. Se preguntaba qué pasaría si lo
que el resto pudiese llegar a decir, dejase de importar. Actuar por actuar.
Hablar por hablar. Reír por reír. Moverse por no perder eso que alguna vez le
tocó tener, lo que los unió, lo que juró no iba a dejar ir.
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