Bendita rutina aquella
en la que pasábamos noches enteras sin dormir por el solo hecho de quedarnos hablando
hasta altas horas de la madrugada, donde nos decíamos cosas que nunca nadie llegara
a saber, pero que yo siempre voy a recordar.
Bendita rutina que no supimos aprovechar lo suficiente.
Bendita rutina que
quiero que vuelva a mi.
Lo sabés, te lo voy
agradecer siempre. Por conocerme, pero por sobre todo, gracias por haberme
escuchado, pocos se ofrecen.
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